Álvaro Fernández, El museo vacío, Buenos Aires, Eudeba, 2016.

(CONICYT - Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile)

El museo vacaío

Álvaro Fernández Bravo, El museo vacío: Acumulación primitiva, patrimonios culturales e identidades colectivas. Argentina y Brasil, 1880-1945, Buenos Aires, Eudeba, 2016.

En qué se parece un museo a una frontera? El primero se define tradicionalmente por su contenido, como un embalaje. A las fronteras, en cambio, ya se las ha comprendido como lugares de memoria, no por lo que separan y contornan, sino en sí mismas, como espacios habitados de sentido y de tránsitos, como empresas humanas de distinción e identidad. Valiéndose de eso, tiene sentido pensar el museo como otro borde que, antes de remitir a sus componentes, revela las dinámicas de entrada, permanencia y salida de los objetos y los discursos que lo componen. Pensar el museo vacío implica observar sus procesos materiales y simbólicos de llenado para comprender hasta qué punto ellos le dan forma.

Esto es lo que se propone el libro del ensayista argentino Álvaro Fernández Bravo, doctor en Lenguas y literaturas romances (Universidad de Princeton, 1996), investigador del Conicet y profesor de Literatura en la Universidad San Andrés (Victoria, Buenos Aires). Sin necesariamente abordar un museo en particular – y casi apelando a él como a una alegoría de la modernidad –, el autor presenta un ensayo histórico y conceptual en el que conjuga voces y episodios de la historia brasileña y argentina entre fines del siglo XIX y la primera mitad del XX. Organizados sin una cronología estricta, cada uno de los ocho capítulos aborda un asunto que remite por un lado a una figura histórica, una red de interlocutores, una selección de acciones, algunos eventos y objetos y, por otro, a una serie de conceptos provenientes de variadas líneas actuales de la filosofía, la antropología, la teoría literaria, la historia cultural, del arte y de las ciencias. Así, luego de un primer apartado en el que perfila los lineamientos teóricos generales del libro, Fernández Bravo consagra un capítulo al antropólogo de origen suizo Alfred Métraux, quien dedicó buena parte de su vida al desarrollo de la antropología en y sobre Argentina, estableciendo una relación de contraste con Robert Lehmann-Nitsche, etnólogo alemán muy activo e influyente en ese país durante el cambio de siglo desde su rol de jefe de la Sección de Antropología del Museo de La Plata, y otra de paralelismo con el historiador del arte alemán Aby Warburg. Junto al recuento de expediciones, correspondencias y publicaciones, orbita la pregunta por los bordes de la disciplina antropológica (recién instaurándose a escala nacional y atendiendo a redes transnacionales), revelando la práctica del coleccionismo que encubre la expoliación de culturas locales y su consecuente museificación, que las renaturaliza (neutraliza) como patrimonio. El tercer capítulo está dedicado a Euclides da Cunha y a la expansión colonial que ejerce el Estado brasileño por medio de los viajes y escritos del autor de Os Sertões. Atendiendo a dinámicas sociales de escala global como el capitalismo, el sublime tecnológico y las teorías científicas del difusionismo y el positivismo, Fernández Bravo indica la patrimonialización de la naturaleza como el proceso de capitalización que la convierte en recursos con valores simbólicos y económicos hegemónicos. El cuarto capítulo está dedicado a la patrimonialización del pasado, proceso encarnado en las conmemoraciones de los centenarios de las respectivas independencias nacionales y a la participación y organización de ferias. A partir de objetos y discursos que circularon en torno a esos eventos, el autor revela los ejercicios de selección étnica y territorial, así como el establecimiento de un canon histórico, como gestos constitutivos del guion con el que comienzan a llenarse los museos de diferentes ramas del conocimiento institucionalizado, particularmente aquellos destinados a la historia natural. El quinto capítulo tiene como punto de partida una conferencia dictada por el intelectual franco-argentino Paul Groussac en el Congreso Mundial de Folklore que tuvo lugar durante la Exposición del Cuarto Centenario de América de Chicago, en 1893. A partir del análisis de dicho discurso, nuestro autor desencadena una definición contextualizada de la noción de cultura y de los términos colindantes de civilización, naturaleza, violencia y patrimonialización. Fernández Bravo revisa la fundación de numerosos museos, la instauración de colecciones, la circulación de publicaciones y otros productos de las políticas culturales que surgen en el fin de siglo como síntomas de una sensibilidad colectiva que los hombres de Estado se han propuesto inocular en un territorio y en una población en permanente mutación y crecimiento, a fin de lograr su amalgama. El apartado siguiente prolonga estas reflexiones hacia los campos más específicos de la filología, los discursos sobre la raza y el folklore, reparando en la nula neutralidad de la descripción y de la etnografía como métodos utilizados por los científicos e intelectuales que componen los guiones museográficos de la historia nacional. No se trata sólo de revelar los mecanismos ideológicos que operan en las prácticas científicas, sino de consignar el proceso de apropiación (nacionalización) del método científico y de las políticas culturales de signo europeo (y de pretensión universal) que emprenden los intelectuales argentinos y brasileños como parte de sus labores de administración de la cultura. El capítulo séptimo está dedicado a la obra del naturalista y escritor de origen británico William Henry Hudson, en la que se recorre buena parte del territorio argentino. El carácter híbrido de esta, entre narración, decoración, descripción y clasificación naturalista, posibilita a Fernández Bravo una profunda lectura poscolonial, en la que se vuelven a revelar una y otra vez las estrategias del colonialismo nacional que esta vez se expande también a los animales. El último apartado del libro tensa los hilos de continuidad entre estos primeros gestos de llenado del museo nacional y los estudios de la cultura latinoamericana que afloran en el período de entreguerras. Revisando la obra y el trabajo académico y político en red de figuras como Métraux, Pedro Henríquez Ureña y Sérgio Buarque de Holanda, el libro constata la expansión de los bordes del museo a una escala continental.

Uno de los aspectos mejor logrados de este trabajo es su claridad a la hora de realizar un análisis poscolonial del contexto geopolítico de las regiones que estudia, el Brasil y la Argentina de la primera mitad del siglo XX. Sin forzar anacronismos ni contorsiones conceptuales, el autor muestra que la expansión territorial, económica, institucional e ideológica emprendida por ambas repúblicas asume como modelo – y esto es explícito en el apartado destinado a Euclides da Cunha – las políticas colonialistas que están operando en Europa y Asia en ese preciso momento (p. 72 y ss.). La comprensión de este movimiento admite la aplicación del aparato conceptual y metodológico de los estudios subalternos y poscoloniales, siempre y cuando se haga, como lo hace aquí Fernández Bravo, en un entramado de fuentes, actores, redes y dinámicas locales que le permiten contextualizar y matizar las particularidades de estos procesos de colonización interna, advirtiendo que no es posible un trasplante sin mudanzas. Vale la pena recordar que el autor ya había abordado la invasión militar y colonial que dos estados latinoamericanos, el argentino y el chileno, emprendieron en el territorio mapuche y patagónico, en una investigación relativa a la literatura de fronteras internas1 , trabajo que, sin duda, enriquece los casos estudiados en esta ocasión.

Avanzando en (y discutiendo) lo ya escrito al respecto por autores que le sirven de referencia, Fernández Bravo demuestra que el proceso de constitución nacional en América Latina condujo a una colonización interna que desarticuló a la sociedad más o menos feudal que se había instaurado durante los tres siglos de dominio ibérico, sometiendo a un nuevo régimen de explotación a habitantes y naturaleza. Acercándose con una mano a las teorías contemporáneas del materialismo especulativo y de la ontología orientada hacia los objetos y, con la otra, al perspectivismo, el autor reconoce en el ambiente un actor (histórico). Por ejemplo, un Amazonas que se ve, con los ojos coloniales, como un desierto, igual a la pampa y a su versión del norte, el far west, es decir, como un inmenso campo de expansión, explotación y especulación, cuya contracara es el patrimonio y la valoración simbólica del paisaje como fuente de identidad nacional. Yendo más allá de la función representativa, la cuestión del paisaje es abordada aquí en su dimensión material, antecedente directo de la catástrofe ambiental.

Sin embargo, por mucho que el autor inscriba su libro dentro de un área de estudios transdisciplinaria y descentrada de/en las cosas (área que abarca desde la cultura material a las teorías de la agencia no humana o la ‘política de las cosas’), acaba componiendo una historia protagonizada, como he dicho, por personajes humanos, hombres de letras y ciencias, incorporados en diversas instancias discursivas, acciones e interacciones con pares. Es en ese sentido que este libro se recibe como una historia de las ideas y una historia cultural y no como la cartografía de objetos que parece anunciar en sus primeras páginas. Una historia cultural libre, en todo caso, de binarismos, motivada por un caudal conceptual ideológicamente orientado a reponer las contradicciones del pasado como razón genealógica de las actuales. El cuarto capítulo es un ejemplo de esto, cuando el autor recompone la controversia en torno a los festejos del Centenario argentino y brasileño, considerados por ciertos hombres públicos como excesivos y populistas. Comentando una selección de imágenes reproducidas en cartones postales conmemorativos, Fernández Bravo verifica que, en el gesto de celebración del hito del pasado, se activa la monumentalización del régimen presente. La incorporación de la dimensión material queda, de hecho, como una propuesta parcialmente cumplida por el autor, quien sin duda incluye colecciones de objetos, fotografías de archivos, cartones postales y otras cosas en su repertorio, pero no las pone al centro del análisis, tal como sería esperable siguiendo sus propios lineamientos conceptuales.

Con una escritura inquieta, como sorprendida a veces de lo que ella misma afirma, Fernández Bravo propone un relato compuesto de fragmentos no necesariamente lineales e hilados entre sí, interceptado por frecuentes consideraciones conceptuales y comentarios al programa del propio libro. La lectura de esta obra nutre el campo ya abundante de la historia cultural, material y de las ideas de la primera mitad del siglo XX de Argentina y Brasil y representa también un aporte para la circulación e interacción entre conceptos provenientes de disciplinas y orígenes diversos.

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Álvaro Fernández Bravo, Literatura y frontera: procesos de territorialización en las culturas argentina y chilena del siglo XIX, Buenos Aires, Sudamericana, 1999, 197 p.

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